Lo esencial sobre la amistad romántica entre mujeres
- Es una relación íntima, afectiva y a menudo físicamente cercana (abrazos, tomarse de la mano, compartir cama) sin actividad sexual explícita.
- El término fue acuñado a finales del siglo XX por la historiografía para describir vínculos del pasado, cuando la categoría “homosexualidad” no existía como hoy.
- Floreció en Europa y Norteamérica entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, coincidiendo con la expansión de la educación femenina.
- Ejemplos clásicos: Rut y Noemí (Antiguo Testamento) y “las damas de Llangollen”, Eleanor Butler y Sarah Ponsonby.
- En 2026, la generación Z la está reactivando como alternativa al modelo de pareja tradicional, buscando intimidad y vulnerabilidad sin la presión de lo sexual o lo conyugal.
¿Qué es una amistad amorosa o romántica?
Una amistad romántica —también llamada amistad apasionada o afectuosa— es un vínculo muy estrecho entre dos personas del mismo sexo que incluye una dosis de cercanía física y emocional más intensa de lo que hoy consideramos “normal” en una amistad, pero sin que haya relaciones sexuales ni expresiones de deseo explícito. Así la define la historiografía desde finales del siglo XX para describir relaciones que en su época no llamaban la atención y que después se volvieron “sospechosas”. Te lo digo claro: hablamos de mujeres que se toman de la mano, se abrazan largamente, duermen juntas, se escriben cartas inflamadas de cariño y construyen una vida en común, sin que eso implicara necesariamente una identidad lésbica en el sentido moderno. De hecho, el concepto de homosexualidad como categoría fija no existía cuando muchas de estas amistades florecieron.¿Qué es un ejemplo de amistad romántica entre mujeres?
Los ejemplos históricos son de novela, literalmente. Uno de los más citados es la pareja bíblica de Rut y Noemí, con ese pasaje que todavía se lee en bodas (incluso entre personas del mismo sexo): “No me pidas que te deje; adonde tú vayas, yo iré… tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios, mi Dios”. Para las mujeres del Renacimiento y la época victoriana, Rut y Noemí eran el modelo de amistad “davídica” que inspiraba sus propios vínculos apasionados. Pero si hay un caso que lo ilustra todo es el de Eleanor Butler y Sarah Ponsonby, “las damas de Llangollen”. Se conocieron cuando Sarah tenía 13 años y Eleanor 29; compartieron un amor voraz por los libros y, tras varios dramas familiares (Sarah escapó de un tutor que la maltrataba), huyeron juntas. Con muy poco dinero consiguieron una casita en el norte de Gales, en el pueblo de Llangollen, y vivieron allí más de cincuenta años, absortas la una en la otra. Remodelaron la casa al estilo gótico, plantaron un jardín legendario, leían y paseaban. Recibían a montones de visitantes, pero Eleanor anotaba en su diario los celos que le daba compartir el tiempo a solas con Sarah. Todo encaja en la definición actual de romance… salvo el sexo, que al menos no dejaron documentado.
¿Por qué estas amistades se volvieron “invisibles” y luego volvieron?
A mediados del siglo XIX la intimidad física entre mujeres empezó a generar preocupación social. Lo que antes era natural —dos amigas compartiendo cama y vida— pasó a leerse bajo la lente de la sexología naciente, que patologizaba o al menos categorizaba cualquier afecto intenso entre personas del mismo sexo como “anormal”. Así, la amistad romántica se fue diluyendo del imaginario colectivo o se reinterpretó como “lesbianismo latente”, perdiéndose la riqueza de su matiz afectivo sin sexo. El término “amistad romántica” fue recuperado por la historiografía feminista a finales del siglo XX, sobre todo por autoras como Lillian Faderman, para describir de forma precisa esos vínculos que no eran ni simples amistades modernas ni relaciones sexuales clandestinas. Y ahora, en 2026, el péndulo vuelve: la generación Z está rescatando la idea con entusiasmo.¿Por qué las mujeres jóvenes están recuperando la amistad romántica en 2026?
La respuesta es tan generacional como política. En foros y artículos se repite una queja: los hombres jóvenes, sobre todo de la generación Z y posteriores, a menudo arrastran conductas sexistas y hay una brecha emocional creciente. A eso súmale la saturación de las apps de citas, que convierten la búsqueda de pareja en algo “transaccional”, frío y agotador. Entonces muchas mujeres deciden que el romanticismo —los detalles inesperados, la vulnerabilidad, las declaraciones de afecto— no tiene por qué canalizarse solo hacia una pareja romántico-sexual. Se lo proporcionan entre amigas. Una entrevistada por la periodista Laura Pitcher lo resume: “En este momento, las citas se sienten bastante transaccionales, y todos extrañamos la autenticidad, la franqueza y la vulnerabilidad”. Otra sentencia: “creo que lo más radical que puedes hacer ahora mismo es ser un buen amigo”. Así que no es que estas amistades sean más estables o más profundas que una relación de pareja, sino que son literalmente más románticas según el canon que antes reservábamos al amor de pareja.¿Qué diferencia hay entre una amistad romántica y una relación lésbica o de pareja?
Aquí la clave está en la presencia o ausencia de actividad sexual explícita y en cómo se etiquetan las protagonistas. En una amistad romántica no hay sexo ni se busca; el afecto se expresa mediante la ternura física no genital, la construcción de una vida compartida y una intimidad emocional profunda. Las “damas de Llangollen” causaban admiración, pero si hubieran mantenido relaciones sexuales —algo impensable para su entorno— el trato social habría sido muy distinto. Hoy el asunto es más fluido. Hay amigas que se besan, se tocan, comparten cama y siguen definiéndose como amigas, sin pasar por la casilla “pareja”. La diferencia, me atrevo a decir, es la intención erótica: si hay excitación sexual buscada y correspondida, hablamos de otra categoría. Si no, estamos en el terreno de la amistad romántica. Y no es un escalón inferior al amor de pareja: es simplemente otro idioma afectivo.
Un matiz importante
La falta de sexo no desvirtúa la intensidad del vínculo. En las fuentes históricas se describe a estas mujeres “románticamente absortas”, celosas de su intimidad y profundamente comprometidas. No era una amistad “de segunda” a la espera de un marido; para muchas era el proyecto central de su vida.
La falta de sexo no desvirtúa la intensidad del vínculo. En las fuentes históricas se describe a estas mujeres “románticamente absortas”, celosas de su intimidad y profundamente comprometidas. No era una amistad “de segunda” a la espera de un marido; para muchas era el proyecto central de su vida.
Beneficios de una amistad femenina intensa y vulnerable
Las investigaciones del psicólogo Robin Dunbar, especialista en vínculos sociales, muestran que las amistades entre mujeres generan sentimientos de apego más intensos y tienden a ser más estrechas y duraderas que las masculinas. Las mujeres conectan a través de conversaciones profundas, entendimiento mutuo y apoyo emocional; no necesitan “hacer algo” para mantener el vínculo, les basta con hablarse. Cuando esa amistad adquiere además un color romántico, el beneficio se multiplica: tienes a alguien que te prioriza, te escribe cartas (o notas de voz eternas), te cuida cuando estás mal y te hace sentir deseada sin la presión de rendir sexualmente. En una época donde el mercado de citas quema, este tipo de amistad actúa como un refugio emocional estable.¿Es bueno tener amigas mujeres con las que desarrollar este tipo de relación?
Sí, y no lo digo yo sola: los datos sobre salud mental femenina lo confirman. Las relaciones de amistad cercana entre mujeres mejoran la autoestima, reducen la ansiedad y ofrecen un colchón contra la soledad. Cuando además incorporas gestos románticos —sorprenderte con un detalle, planear una cena “de amigas” con velas, hablar con total transparencia de lo que sientes— estás creando un espacio afectivo que, para muchas, es más nutritivo que varias relaciones de pareja insatisfactorias. En los foros que frecuento, veo a chicas contando que su amiga es “su persona”, que viajan juntas, se hacen regalos el 14 de febrero y hasta crían mascotas en común sin ser pareja. Es una forma de hackear el amor romántico y repartirlo donde sí hay reciprocidad.Cómo identificar si tu amistad está entrando en territorio romántico
A veces la línea se difumina, y es normal preguntarse si lo que sientes va más allá. Algunas señales que aparecen en testimonios online (y que yo misma he observado) son:- 🔍 Buscas excusas para el contacto físico: roces, abrazos largos, jugar con su pelo. Si ella también responde acercándose, hay química.
- 🔍 Sonrisas y nervios: te sorprendes sonriendo sin motivo o te sonrojas cuando te halaga. El lenguaje corporal no miente.
- 🔍 Quieres pasar tiempo a solas con ella, incluso por encima del grupo de amigas.
- 🔍 Celos: no soportas que otra persona ocupe tu lugar de confidente o de compañera de planes.
- 🔍 La relación se vuelve posesiva: esto puede ser señal de atracción o de un enamoramiento amistoso profundo. La diferencia con una pareja es que no hay sexualización; lo que hay es un deseo de exclusividad afectiva.